Cuando empiezas a escribir sin inspiración
te das cuenta que has atrapado a la poesía
y comienzas a alimentarte de ella.
Como una tela de araña,
como una droga dura.
Y qué hay más duro que bofetadas
de versos de dolor, incomprensión y furia
a un cuaderno inocente que tan sólo
actúa como reflejo de un alma corrupta.
El exacto retrato
sangriento,
doloroso
y oscuro
de un ente que quiere ser libre.
Cuando empiezas a escribir sin inspiración
te das cuenta de que la poesía te ha atrapado.
martes, 29 de septiembre de 2015
sábado, 5 de septiembre de 2015
mi regalo a alguien que me importó
Sé que esto lo estás leyendo, porque al parecer eres lo suficientemente valiente como para controlar todo lo que hago, pero te faltan agallas y vergüenza para hablarme.
Esta carta es para ti.
Empezando por el principio, no quiero preguntar por qué una mañana de marzo saliste por una puerta tan sólo con un ordenador y unos libros.
Me llenaste la cabeza de promesas que se hicieron añicos, demasiados para un corazón tan pequeño.
Aprendí a perdonar, a empezar de cero, con ilusiones distintas.
Aprendí a reutilizar mis lágrimas para regar un posible futuro.
Pero todo cambió, y mi yo de niña aprendió cosas distintas.
Éramos tú y yo, pero sólo cuando tú querías. No se si recuerdas las horas que llegué a pasar encerrada en esa horrible habitación amarilla.
Aprendí que estando sola, las mejores ideas surgen.
Aprendí que el dolor a veces se puede transformar en algo hermoso.
Que las mentiras acaban por alejarte de lo que supuestamente más quieres.
Aprendí a hacerme de piedra contra mis adversidades.
A no fiarme ni de mi sombra.
Hemos acabado por no hablarnos. Por obviarnos el uno al otro. Tampoco hiciste nada por evitarlo. Ni siquiera sabes qué estudio o en qué trabajo. Duele. Pero el dolor es bueno. Las heridas cicatrizan, pero tardan más si de vez en cuando se vuelven a abrir (in)voluntariamente.
Hoy es tu cumpleaños. Y quería agradecerte de alguna manera todo el daño que me has causado. Porque gracias a ti, hoy soy un intento de herida a medio cicatrizar. Más fuerte. Más dura. Más yo misma.
Estarías orgulloso de mí, pero ni siquiera recuerdas mi voz. Te he echado de menos durante toda mi vida, y los calificativos despectivos hacia ti ya se me han acabado. Sólo me queda la resignación ante una realidad que resultó venirme demasiado grande en su tiempo. Tenlo claro, no has ganado esta batalla. Sólo te pido que dejes de hacer daño a las personas que sí me importan, que sí han hecho cosas por mí. Aléjate de ellos. Esto tan sólo va contigo y conmigo, no utilices tu carta lastimera para que más gente como tú se una a tu bando.
Ojalá te hubieras quedado allí, en vez de arrastrarme contigo.
Te quiso, otra niña rota más.
Esta carta es para ti.
Empezando por el principio, no quiero preguntar por qué una mañana de marzo saliste por una puerta tan sólo con un ordenador y unos libros.
Me llenaste la cabeza de promesas que se hicieron añicos, demasiados para un corazón tan pequeño.
Aprendí a perdonar, a empezar de cero, con ilusiones distintas.
Aprendí a reutilizar mis lágrimas para regar un posible futuro.
Pero todo cambió, y mi yo de niña aprendió cosas distintas.
Éramos tú y yo, pero sólo cuando tú querías. No se si recuerdas las horas que llegué a pasar encerrada en esa horrible habitación amarilla.
Aprendí que estando sola, las mejores ideas surgen.
Aprendí que el dolor a veces se puede transformar en algo hermoso.
Que las mentiras acaban por alejarte de lo que supuestamente más quieres.
Aprendí a hacerme de piedra contra mis adversidades.
A no fiarme ni de mi sombra.
Hemos acabado por no hablarnos. Por obviarnos el uno al otro. Tampoco hiciste nada por evitarlo. Ni siquiera sabes qué estudio o en qué trabajo. Duele. Pero el dolor es bueno. Las heridas cicatrizan, pero tardan más si de vez en cuando se vuelven a abrir (in)voluntariamente.
Hoy es tu cumpleaños. Y quería agradecerte de alguna manera todo el daño que me has causado. Porque gracias a ti, hoy soy un intento de herida a medio cicatrizar. Más fuerte. Más dura. Más yo misma.
Estarías orgulloso de mí, pero ni siquiera recuerdas mi voz. Te he echado de menos durante toda mi vida, y los calificativos despectivos hacia ti ya se me han acabado. Sólo me queda la resignación ante una realidad que resultó venirme demasiado grande en su tiempo. Tenlo claro, no has ganado esta batalla. Sólo te pido que dejes de hacer daño a las personas que sí me importan, que sí han hecho cosas por mí. Aléjate de ellos. Esto tan sólo va contigo y conmigo, no utilices tu carta lastimera para que más gente como tú se una a tu bando.
Ojalá te hubieras quedado allí, en vez de arrastrarme contigo.
Te quiso, otra niña rota más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)