Con ternura,
porque es lo único que me queda,
te observo mientras duermes
y emprendo mi vuelo.
Con mis alas de papel observo el mundo,
yermo, marchito. Agotado y saciado de todo.
Agonizando y suplicando suicidio.
Mis alas están a punto de arder, no son muy grandes,
pero el sol se encarga de que su mecanismo
empiece a fallar.
Quiere que forme parte de ese mundo condenado.
Resignarme a ser sólo un mecanismo muerto,
una tara en la espalda.
Un vuelo perdido.
Quisiste avisarme, pero no estabas preparado
para advertirme del peligro que resultaba volar.
Ahora no soy capaz de regresar a tu lado.
Nunca podré volver a verte dormir.
A no ser de que mis alas de papel se conviertan
en la misma ceniza de la que el mundo está formado.
El mecanismo no deja de girar.
Y yo te observo mientras duermes
con ternura,
porque en este mundo muerto
es lo único que me queda.