otra vez,
la soledad es demasiado dura como para poder escribirla.
Se adhiere a mis costillas desde dentro y rasga,
ni te imaginas cuánto.
No te asumo.
Arañazo.
Sigo soñando contigo.
Mordisco.
Tengo dudas sobre qué fui.
Hendidura.
Vuelves a estar en mi cabeza.
Desgarro.
Ahora más que nunca,
todas y cada una de las mariposas que tocaron mi estómago
cuando te rocé el iris por primera vez,
se vuelven mortíferas.
'Olvídalo ya. Lo tienes clavado.'
¿Por qué no hay olvido?
¿Por qué eres reincidente en mi cabeza?
¿Qué tienes con mis recuerdos, que no los sueltas?
Y, otra vez,
vuelvo a mi sótano de tristeza,
de humo, de sangre, de lágrimas e intentos de olvido
mientras poco a poco
voy rompiéndome.
Otra vez.

No hay comentarios:
Publicar un comentario