Me siento profundamente culpable
por condicionar una vida
al designio de una egoísta que sólo
quiere
ser
libre.
Todas las rosas que nacieron en mi pecho
fueron ahogadas y escondidas,
hasta que la angustia me devoró por dentro,
y explotó.
Las rosas siguen naciendo, y yo las sigo matando
para que nadie me vea llorar.
Que la voz rota no me la cure nadie.
Que hagan oídos sordos ante mis gritos de auxilio.
Por favor,
entierra a mis rosas muertas.
Sabes donde están porque
cada latido es una coordenada.
Y tú siempre supiste escuchar.
