Páginas

domingo, 21 de agosto de 2016

nunca

"No sé por qué has tomado esta decisión, pero quiero que sepas que no volveré a ser feliz. Nunca"

Y esa fue mi inocente declaración de amor
unos cuantos años atrás.
Más de media vida arrepintiéndome
de haber quitado esa nota de tu libro.
De haber pensado que tal vez
ocultar mi tristeza sería mejor para los dos.

Millones de veces me he planteado 
qué es lo que hubiera pasado si esa frase
hubiese llegado a tus manos.

Tal vez ahora
no serían las sábanas las que me arropan
sino tus brazos inmensos, infinitos.

Y pasar mañanas eternas desayunando buñuelos con chocolate,
croissants con chocolate,
crêpes con chocolate y azúcar...
Qué más da.

Suspiré. Me grité ¡egoísta! desde dentro.
Agarré el papel y lo rompí con cuidado
en pedazos.
Como quien rompe un corazón.

Fue lo mejor, pero no para los dos.

Solo para ti.
Siempre por ti.


miércoles, 17 de agosto de 2016

sacadme de aquí

Sacadme de aquí porque quema.
Sacadme de aquí porque sigue importando.
Sacadme de aquí porque no entiendo nada.

Escribo esto expresamente para que tú lo leas,
y para decirte que es suficiente.
Que el daño ya está hecho.

Ya te ofrecí mi último regalo de cumpleaños.
¿y aún no lo ves?
Lo bueno de tocar fondo es que,
ahora,
tan sólo toca subir.

He perdido millones de batallas,
pero te juro por ella
que esta guerra la ganaré yo.

Léeme y sufre conmigo, porque al fin y al cabo,
cada poema es otra lágrima,
otra canción triste,
otra noche sin ti.

Sacadme de aquí. 
Es importante.
No sé si soportaré otro golpe,
porque este ha dolido como cien mordiscos desde dentro.

Sacadme de aquí. 
Porque te sigo queriendo.







viernes, 12 de agosto de 2016

otra vez

Voy tachando verso a verso para darme cuenta de que,
otra vez,
la soledad es demasiado dura como para poder escribirla.

Se adhiere a mis costillas desde dentro y rasga,
ni te imaginas cuánto.

No te asumo.
Arañazo.
Sigo soñando contigo.
Mordisco.
Tengo dudas sobre qué fui.
Hendidura.
Vuelves a estar en mi cabeza.
Desgarro.

Ahora más que nunca,
todas y cada una de las mariposas que tocaron mi estómago
cuando te rocé el iris por primera vez,
se vuelven mortíferas.

'Olvídalo ya. Lo tienes clavado.'

¿Por qué no hay olvido? 
¿Por qué eres reincidente en mi cabeza?
¿Qué tienes con mis recuerdos, que no los sueltas?

Y, otra vez,
vuelvo a mi sótano de tristeza,
de humo, de sangre, de lágrimas e intentos de olvido
mientras poco a poco
voy rompiéndome.

Otra vez.