Yo solo sonreía.
No pude aguantar tus dedos recorriendo mis mejillas,
limpiando lágrimas de arrepentimiento,
de culpa,
lágrimas que no eran mías.
Lo hice mal,
lo hiciste mal,
pero tuve que vivirlo
para saber que fue malo.
Porque si yo no me hubiera pasado todos esos amaneceres
tendida en la cama de tu habitación,
nunca hubiera podido imaginar
que nunca te quise,
que tus muestras de afecto estaban vacías,
que no eras nada.
Me alejé de quien realmente
me ayudaba a levantarme
o caía conmigo,
solo para comprobar que estaba equivocada.
Y yo solo sonreía.
Porque no te quise.
No te lo mereces.
Gracias por abrirme mis ojos
ciegos de lágrimas
y ayudarme a ver que
quien siempre me quiso
nunca se fue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario