Predisponemos intención a la intemperie.
Tengo miedo de
que mañana
sea el día
en el que,
por fin,
nos arrastre la marea
y nos convirtamos en espuma
y deshagamos el abrazo
y sólo quede de nosotros
un grito
un esbozo
un estrago
un nido vacío
una gota de tinta
disuelta en lágrimas, y viceversa.
Y qué más da
si al final todo
es
lo mismo.
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